lunes, 12 de febrero de 2007

Un viejo cuento que me trae buenos recuerdos..

El alfa y la omega según Satanás

I
“Amarás a dios sobre todas las cosas”

En el principio todo era luz, y en la luz solo existía Dios, el ser perfecto lleno de bondad y perfección.
No encontrando Dios algo más en esa luz, creó la oscuridad y vio como la luz intentaba iluminar la oscuridad, y esta a su vez intentaba opacar la luz. Y esto despertó en Dios el ansia de crear, y ver a sus criaturas relacionarse. Y, así, Dios creó el universo y vio que en ese mundo, había luz u oscuridad pero también se dio cuenta de que solo estaba él para admirarlo y deleitarse observando lo que en el podía ocurrir al contrastarse lo iluminado con lo oscuro. Y, así, Dios creó a Satanás; semejante a él en todo, excepto en la capacidad creadora.

Fue en ese momento en el que me vi condenado a vagar por el mundo ocultándome de Dios, y fue en ese momento cuando el “don” de la vida me fue entregado, pudiendo ver a Dios en plenitud, y pude también gozar viendo sus creaciones desarrollarse.
Pero aún faltaba algo, no había nadie que le recordara lo que era, un Dios, un inmortal omnipotente y omnipresente. Yo no podía ser ese alguien, puesto que era igual a el y no lo admiraba en lo más mínimo.
Así fue como Dios decidió crear al hombre y abandonarlo en el universo caótico que había creado.

II
“No nos dejes caer en tentación”

He pensado muchas veces que Dios creó a un ser en el cual pudiera hacer lo que siendo Dios no puede, y no por falta de capacidades, sino por la investidura que lo acompaña, su grado de ser supremo, perfecto, bondad absoluta, etc.; pienso que en el hombre halló un refugio de sí mismo, y abandonó gradualmente su carácter pleno y lo cambió por: una vida temporal, capacidad de creer en lo que no se sabe a ciencia cierta, crecer, envejecer, morir, ser limitado y gozar de experiencias nuevas.
Creo que Dios creo lo que nunca podrá ser.
He amado a este ser, al hombre, el cual teme, el cual ama, desde el momento que entendí lo que Dios quería para él solo.
No intento condenar a Dios, ni tampoco justificarlo, solo voy a contar lo que he visto, sentido y tratado de entender desde mi creación.

Ya creado el hombre y habiendo observado Dios la forma en que se comportaba su criatura, sus ojos brillaron, y desde eso momento la odió y la envidió.
Fue así como Dios me abandonó y se unió al hombre en su mundo. Tomó cuerpos humanos y los usó para vivir las diferentes formas en las que los hombres gozan y sufren.

Así fue como Dios utilizó a su mundo para su conveniencia y su regocijo.

III
“A odres nuevos vinos nuevos”

Y lo vi por siglos viviendo en su vanidad; y lo vi corromper al ser que algún día yo había amado.
Hasta que un día me miró desde la tierra y desde el cuerpo de un joven que se encontraba fornicando con su madre; y abandonó el cuerpo de el joven para venir a hablar con migo.

Me contó como había saciado su sed de goce y sufrimiento, y como se regocijaba al ver un hombre abandonar a su mujer, al ver una mujer siendo violada, o al sentir en sus manos la muerte y la violencia, así como el dolor propio; pero más que verlo o sentirlo, gozaba el causar estos sucesos.

IV
“Señor mío y Dios mío”

Cando terminó de contarme todas las perversiones que había podido sentir, cuando tomaba el cuerpo de un hombre o una mujer, se encontraba un poco cansado. Después de descansar un momento, me invitó a ir con él y gozar de lo mismo.

Yo amo a los hombres y no puedo abusar de ellos … pero accedí a acompañarlo para intentar salvarlos del caos en el que Dios los había abandonado.

Aquí me encuentro ahora; sentado junto a un anciano que abraza a una niña ciega, mientras veo como Dios, en el cuerpo de un hombre, golpea a otro hombre con un tubo de metal.
Y sé, que al mismo tiempo está violando a una mujer y está asesinando a un hombre manco, y está siendo regañado por su madre, y está siendo feliz en su boda y se está suicidando.
V
“El que beba del agua que yo le dé,
no tendrá sed jamás”

He intentado detenerlo, pero solo me he ganado que el hombre crea, que soy yo el que odia al hombre, me han llamado diablo, Satanás, demonio, maldad absoluta, Belcebú, corruptor.

Tanto he amado al hombre que me he encarnado múltiples veces para predicar la paz y el rechazo a Dios, todas estas veces ha sido lo mismo: Dios los corrompe y los convence de matarme.
Lo único que me consuela es que Dios no ha podido corromperme y nunca lo podrá hacer… por lo tanto me odia e intenta destruirme. He tratado de esconderme en la luz, donde él ha perdido poder, por haberse entregado al mundo terrenal y corpóreo.

Ahora la luz lo ciega y he encontrado un lugar para poder huir, aunque desde aquí no puedo proteger a mi amado ser humano.


¡Alabado sea Dios todo poderoso,
Señor de los ejércitos!
¡Que te alaben por siempre todas tus criaturas!

imágen de J. Calero