domingo, 25 de febrero de 2007

Un Intento... (que resulto ser la continuacion, o mas bien el inicio deotro post: Divagaciones sobre la felicidad y lo bello)

Esto es un intento por encontrar algo. No sé aún qué pueda ser, pero espero me lleve lejos de dónde estoy. Comenzaré por transcribir la primer línea que encuentre en cualquier libro que esté a mi alcance, y a partir de eso trataré de emprender esta búsqueda, y aquí es donde empieza. He descartado el primer libro que he encontrado, la primer línea con la que me topé hablaba de algo sumamente específico, historia. Espero tener mejor suerte con el siguiente. […] los seres humanos son estúpidos y casi todos obedecen a sus emociones […] (La traición de la libertad. Isaiah Berlin p. 143) excelente comienzo en mi opinión. Tanta estupidez podría llevarnos a la muerte. Pero porqué hemos sido llevados a pensar que la razón es lo que debe guiar nuestra conducta. Ciertamente no podemos abandonarnos a los impulsos naturales que tratan de garantizar nuestra supervivencia, pero eso no es lo que entiendo por emociones. Las emociones nos llevan más allá de la propia subsistencia. Las emociones nos llevan a un mundo distinto del que podemos mirar, escuchar, oler o sentir, nos llevan a un nivel de conciencia que se aparta de toda experiencia sensible. ¿Nivel de conciencia? Es lo que mejor describe ese distanciamiento con el mundo, la pérdida del suelo que nos sostiene, la pérdida del lazo que nos mantiene unidos al mundo. Esto puede ser lo que asustara a quién piense que no debemos seguir nuestros impulsos emocionales. No es bueno soñar porque dejamos de actuar. “La acción es lo que nos consagra como seres humanos”, recuerdo haber escuchado esto en labios de un profesor bastante respetable. La acción no puede llevarnos más allá de lo que nuestros pies pueden caminar, recorrer. Olvidamos que nuestros sueños van siempre más allá de lo que nosotros podemos. Creo que las emociones son los sueños de las sensaciones. Cualquiera que haya experimentado el amor sabrá que es más dulce que cualquier cosa que podamos poner sobre nuestra lengua, y cualquiera que haya experimentado la tristeza o el miedo sabrá que no hay dolor físico que pueda paralizarnos tanto como éstos. Puede que esto sea así, pero aún sabiéndolo nos aferramos a la acción, al mundo, a la razón. Existe algo que nos obliga a hacerlo, ¿por qué no intentar vivir para soñar? Porque el cuerpo no se nutre con sueños.
Pero ante esta respuesta se nos presenta una pregunta aún más difícil de responder: ¿por qué no nos conformamos con lo necesario para vivir y el resto del tiempo lo dedicamos a las emociones y a los sueños? Es porque hemos probado los sueños y las emociones y sabemos que éstos no vienen cuando los llamamos. Podemos pasar noches enteras entregados a buscar los preciosos aromas del sueño, podemos conocer a todas las mujeres u hombres del mundo y no encontrar amor hacia alguno de ellos. Podemos cortarnos la piel y no conseguir la tristeza, el miedo o el odio. Hablando claramente no podemos controlar la llegada, ni de las emociones ni de los sueños. Nos cansamos de esperar su llegada y salimos al mundo a buscarlos y nos topamos con el mundo mismo, con sus placeres, con sus dolores y realidades. Y despreciamos los sueños por ser tan lejanos, y despreciamos las emociones por ser tan fugaces. Nos convertimos en hombres, en mujeres y dejamos de ser almas y espíritus. Abandonamos todo aquello que nos diferencia del mundo y nos convertimos en animales de día, y a veces de noche. Pero también a veces llegamos a soñar y el alma se nutre, llegamos a amar, y el espíritu goza. Pero siempre regresa el sol a nuestras ventanas e ilumina el mundo para nosotros. El mundo que siempre está como lo dejamos. No como los sueños, no como las emociones. Si nos alejamos por un tiempo del odio hacia alguien podemos no encontrarlo nunca más. Lo mismo pasa con el amor.

Otra respuesta al por qué no tratamos de alargar nuestros sueños y emociones se encuentra en una emoción, el miedo. El asomarnos al mundo nos obliga a contemplarnos a nosotros mismos como externos a las emociones y a los sueños, y en esta desnudez contemplamos la fragilidad de nuestros cuerpos y la finitud de las cosas que se asemejan a ellos. Y no teniendo una respuesta sobre el lugar en el que residen los sueños y los sentimientos juzgamos conveniente el preservar nuestros cuerpos en caso de que sean estos el lugar de residencia. Justamente para no perder el espíritu alimentamos nuestros cuerpos, pero los hinchamos tanto que cambiamos el alimento del cuerpo y lo transformamos en veneno para el alma.
“Y serás como el que tiene hambre y sueña, y parece que come, mas cuando despierta, su alma está vacía.” (Isaías 29, 8) Podemos ver que el ama es la que está vacía, por lo que es el cuerpo el que ha comido y ha soñado que come para alimentar el espíritu, ese sueño es el mundo, y el miedo que nos lleva a hincharnos con el mundo es el miedo a la muerte. Y aún así hay quienes buscan la muerte cuando el mundo pierde sus colores, cuando todo es oscuridad, cuando descubren que el mundo no puede llenar sus almas. Pero ¿cómo saber si la muerte da fin a los sueños y las emociones? Podría ser que soñáramos eternamente al morir, pero eso es completamente carente de fundamentos o pruebas, lo mismo que si supusiéramos que la muerte pone fin a nuestro espíritu. Es por esto que en la lucha por conservar los sueños y las emociones se nos hace indispensable conservar la vida de nuestro cuerpo. Pero si en este camino nos olvidamos de lo que realmente es importante, si nos entregamos a la contemplación del mundo y a nuestro actuar en él, nuestra alma estará soñando que come, pero el hambre hará que se pierda la fe en el mundo y al haber olvidado que no solo hay mundo, sino sueños y emociones, la única salida será la muerte.

Puede que esta búsqueda haya sido buena, por lo menos ahora sé que si supiera que tras la muerte el sueño y la emoción se mantienen, entonces podría morir si miedo alguno. Obviamente lo que he dicho hasta aquí se conecta bastante con lo que he dicho anteriormente sobre el arte, aquello que nos hace olvidar el mudo y entregarnos a las emociones. Quisiera continuar esto discutiendo un poco sobre el arte, pero hay algo que deseo ahora más que eso, dormir para soñar un poco. Es por eso que termino este texto y vuelvo a mi incansable búsqueda de los sueños, lo que para algunos podría ser un sinsentido.

4 comentarios:

Lidia dijo...

el alma se precipita en una carrera hacía el final de la cual es imposible que llegue el cuerpo.
Saludos

jf.yedraAaviña dijo...

Sin embargo el alma puede alcanzar el final mientras el cuerpo aún respira, quedandole mucho aire por delante...

Beto Perdido dijo...

nel, eso no pasa

jf.yedraAaviña dijo...

jaja... ¿pero qué es lo que no pasa mi buen Roberto? ya sé que igual y todo,, pero pus ¿por qué?
saludos!