lunes, 17 de marzo de 2008

Tengo miedo de tener pulgas…


Esta es una anécdota rápida; un tanto extraña incluso para mí.
Desperté, o más bien me levanté al sentir la voz de Juan que a las 7 de la mañana se despedía y disponía a partir a su casa. Me levanté y lo acompañé a la puerta, regresé a mi cama y seguí durmiendo. Alrededor de las 10 de la mañana recibí la llamada de mi tía, que me pedía ir a su casa para poner una lona y acomodar mesas y sillas para el festejo del cumpleaños de mi abuela, del cual no estaba enterado como es mi costumbre con los cumpleaños. Le dije que me esperara y que en 10 minutos estaría en su casa. Me levanté, me puse los pantalones, una playera y tenis (olvidé los calcetines); tomé mis lentes de sol y mi chamarra “roja” de cuero. Y mientras caminaba bajo el sol me sentía igual de sucio y arrugado que la chamarra. No llevaba cartera, dinero, ipod, celular, las cosas sin las cuales me he acostumbrado a no salir. Caminé pero no hacia casa de mi tía, sino hacia el metro ‘la viga’. Caminé bastante confundido, bastante ‘vale madres’ y con cara de molesto con la chamarra al hombro. Llegué a la entrada del metro, creo que si hubiera llevado dinero hubiera llegado más lejos, pero al darme cuenta de que estaba haciendo algo completamente inútil y sinsentido decidí regresar para tomar el camino a casa de mi tía. Pero de regreso encontré un colchón abandonado a un lado de la entrada del metro, justo debajo de un techito que lo protegía del sol; de seguro había servido para que algún indigente pasara la noche.
Y así sin más me acosté y me dormí. Desperté a eso de las 12:30 gracias a que pasó un tipo en bicicleta muy cerca de mi. me dirigí a casa de mi tía, ayudé a colocar las mesas y sillas, ya que debido a mi tardanza alguien más ya había colocado la lona. Acompañé a un tío al centro y después dediqué la tarde a hablar mal de cualquiera que dijera algo cerca de mí, con eso provocaba algunas risitas de mi hermana menor y severos reproches de mi hermana mayor, sobre todo cuando los comentarios burlones iban dirigidos a un sacerdote amigo de mi abuela… ahh… y también se molestaba bastante con mis comentarios mensos mientras al final del día veíamos “La pasión”… y así regresé a mi casa, encendí la computadora y me rasqué el cuello, con lo cual ahora me da miedo que me hayan saltado encima pulgas del sucio y viejo colchón.
¿En qué carajos estaba pensando cuando me quedé dormido ahí? No quiero sentirme así otro día; siento una ligera debilidad mental,,, tal vez no tan ligera… hoy sólo quiero bañarme inmediatamente y dormir. Ni siquiera tengo ganas de despertar después de eso. Estoy triste, y cuando recuerdo que no tengo motivos para estar triste, me enojo… estoy enojado y triste.

3 comentarios:

Lidia dijo...

ay yedrita.... yo creo que si hubieras bailado aunque sea un poquito el sábado, nada de eso hubiera ocurrido....
Siento lo de las pulgas, yo la verdad, no poseo ningún remedio contra ellas...

Princess Momo dijo...

Diablos, que grave situación. Mira, en todo caso no te preocupes por las pulgas, ya que esas solo se pasean en animales no racionales, si acaso se te pegaron los piojos, exclusivos del hombre creo, aunque no seamos antopocéntricos, tal vez si los alberguen otros animales.
El remedio es simple: Bañate y lava tu ropa. Si después de una o dos semanas notas que en tu cabeza saltan alimañitas y tienes mucha comezón tendrás que raparte, eso es todo... Es importante que atiendas el problema, no se te olvide que de un filósofo llamado Platón creo dice Diógenes Laercio que murió de piojos...
jajaja, no, ay que mensadas digo, sabes? tu anécdota me pareció muy curiosa, pero en serio, no creo que sea bueno que la repitas... espero por lo demás que estes disfrutando estos días, saludos primito!!!!

Sofía dijo...

Es una depresión post fiesta. Por eso yo no voy a fiestas.