lunes, 24 de marzo de 2008

Me lo contó la voz…

“Cuando empieces a escuchar las voces, ignóralas.
¡Siempre están mal!”

-San Martín A. A.-

...que de las olas más lejanas se pierde y cae,
y despierta temblando a la orilla del mar.
Sigue soñando con la luz sobre el rostro.
La piel roja sólo tiene que seguir brillando.

No se sabe qué ha pasado. Solo,
ha llegado a la alameda concurrida.
Sigue arrastrando la fuerza del mar con sus hombros,
sigue despertando preguntas en los otros.

Tan simple como un ave caída.
Tan sincero como un niño rabioso.

Y, sin embargo, tanto misterio arrastran sus cansados pasos,
¡tanto!
que ni su cansada sombra puede ocultarlo.