jueves, 20 de marzo de 2008

Palabras atadas.


Terribles paseos bajo el fuego, mediodía,
Cansados pasos que arrastran sueños.
Ecos de sueños, terribles pesadillas.

Caminos vacíos, de sombras que encierran
Al pecho desgarrado y su mirada perdida.
Los recorre un fantasma, y en sus pasos hay vida.

Lo mejor: el final, el descanso,
Codos sobre rodillas, taza tibia entre los dedos.
El corazón bebe el llanto que nace muerto y helado.

Quien guía los pasos no puede sino burlarse de todo,
Del paseo, del camino, del fantasma, del olvido.
Hierve la maldad que en los labios se extiende.

Y aquí despierta mi mano al sentir de las palabras lo tenso,
Como si cada una estuviera atada a las paredes del cerebro.

¿Escribir? ¡Con un demonio! ¿qué escribir?
Soñar, mejor.
¿escribir sobre sueños? ¿acerca de la vida?
Sí, sin papel y sin tinta.

Tan sólo una caricia del pantano sobre el cielo,
Rasgar nubes que no ocultan un bello azul,
Sólo un vacío sincero.

¡Manchas!

Seguiremos desgarrando el mundo,
Pequeñas tumbas se alzan con el paso del tiempo.

¿Que el mundo es el lenguaje?
Entonces no es más que la interminable fila de las tumbas levantadas por el tiempo,
Tumbas que sin tiempo quedan cuando nosotros dispersos en ellas.

Y aquí despierta mi mano al sentir de las palabras lo tenso,
Como si cada una estuviera atada a las paredes del cerebro.

Y una chispa ahí ilumina ‘Amor’,
Y otra más ‘Apagar el llanto’.
Mismas chispas que iluminan palabras como ‘Hambre’, ‘Sueño’.
Mismas chispas que se encienden sin concierto mientras duermo.

Y aquí despierta mi mano al sentir de las palabras lo tenso,
Como si cada una estuviera atada a las paredes de mi cerebro.