jueves, 17 de abril de 2008

Café 1930


Hoy pensé en postear un escrito que tenía guardado para el proyecto “Agüita de horchata”. Esto se me ocurrió por andar escuchando ‘Café 1930’ del gran Astor. Pero no quise recordar lo que me llevó a escribir sobre el café. Así que, en lugar de eso escribiré un pequeño incidente ocurrido el jueves pasado; justamente algo relacionado con esa gran pieza de Piazzolla.

El contexto: me encontraba un tanto afectado por las varias cervezas que me había tomado y un tanto emocionado por las que me seguiría tomando. La plática resbaló extrañamente de Wittgenstein hasta Beethoven, y de ahí hasta mi interminable pleito con los músicos. Brevemente el problema es el siguiente. Cada músico con el que platico acepta sin pensar mucho que la música es el lenguaje universal, después, mañosamente, les pregunto si cada espectador obtiene lo mismo que los demás de su experiencia. obviamente contestan con un rotundo ¡NO! Premisas más, premisas menos me llevan a afirmar que la música no es lenguaje. Y es justo ahí cuando brincan los músicos.

Este sujeto con el que conversaba tomo inmediatamente lo que tenía a su alcance para aventármelo en la cara cuando vio que lo que él decía era llevado de manera mañosa a una afirmación horrible: la música no es lenguaje. Lo que tenía a su alcance era ‘Café 1930’, y me preguntó que qué me imaginaba al escucharla. En mi estado no pude más que responder: un café con ambiente melancólico. Inmediatamente respondió muy propia y pedantemente con una sonrisa burlona: esa pieza la compuso en un burdel.

No seguiré aburriéndolos con los detalles de la plática, ahora los aburro con mis divagaciones posteriores a la horrible borrachera y a la no tan horrible cruda.

Cuando decimos que el arte (no sólo la música) es un lenguaje, no podemos seguir enfrascados en la, un tanto obsoleta, visión del lenguaje como un modo de representación de hechos. La vieja afirmación de los pioneros de la filosofía del lenguaje: ‘el lenguaje es el espejo del mundo’, o ‘los límites del mundo son los límites de mi lenguaje’ no nos sirven más (aunque esa segunda resulta sugerente para muchas más divagaciones). De seguir con estas ideas podríamos llegar a la afirmación que tanto ha molestado a los músicos que han tenido la desgracia de platicar conmigo.

Sí, Piazzolla compuso eso inspirado en un burdel, no en un café, que fue lo que se me ocurrió al escucharlo. Pero eso no significa que el mensaje de la obra fuera la descripción de un burdel, o la descripción de un café. Ese es el error, creer que lo que comunica la obra de arte es una descripción de una situación en el mundo. Si creemos eso, definitivamente tendremos que aceptar que cada espectador interpreta lo que quiere, o que cada uno recibe un mensaje distinto. Esto suena muy básico, pero me lleva a ver cosas que no tenía claras al momento de las pláticas.

Comentando esto con un compañero en un café, él asentía a lo que yo decía y en una de esas dijo: sí, no es una descripción del mundo lo que el arte comunica, son sentimientos. En ese momento me detuve y dije, ¡NO!
No supe bien que responder, pero estaba seguro de que no eran sentimientos lo que comunicaba una obra de arte, y lo sigo estando. La solución al problema de qué es lo que comunica el arte es complicada. Por ahora sólo puedo decir que estoy buscando la respuesta en la disolución de los elementos del lenguaje, hay que deshacernos de emisor, receptor, mensaje y otros más. No hay que unirlos. Simplemente no existen, y ¿por qué? Simplemente porque la experiencia estética es la pérdida del principio de individuación.

Lo que siguió a la plática de café fue Hegel y su doctrina de la esencia, que si mal no recuerdo es la conformación del sujeto en la escala hacia el absoluto. También siguió mi desacuerdo con dicha idea, esa escala no es hacia el espíritu, absoluto o como le quieran decir, es más bien el descender hacia la completa encarnación personal, es decir, la realización máxima del individuo, la aplicación más radical del principio de individuación.

De ahí la platica resbaló hasta las mujeres y de eso ya no puedo hablar. En parte porque no hay gran cosa que decir, en parte porque no entiendo el tema, en parte porque mis dos lectores son lectoras…

Pero bueno, encontré algo por ahí...

Perdiendo su encanto la mujer amada, pierde su encanto el mundo. Ya no existe en mí el vacío reservado a esa mujer pero, al desaparecer éste, se ha creado un nuevo vacío, uno aun más tortuoso.

-Charles Macdowell-

5 comentarios:

Dr. Tschaicosby dijo...

Yo creo que temas como el de las mujeres son los que se deben de tratar a traves del arte (o en persona jajaja), que bueno sin abundar mucho, concuerdo contigo, el arte por asi decirlo "comunica" un algo extranio, algo asi como sensaciones, eso que tiene en comun el burdel y el cafe de Piazzolla,aun asi no es una "herramienta" para comunicar estas cosas inexplicables...por lo menos el arte contemporaneo (porque hablar de arte como una totalidad historica o contextual es una barbarie). En palabras de los que saben el atre simple y sencillamente "es".

Lidia dijo...

y salió el Dr. Tchaicosby para hacerte notar que no sólo las mujeres te leen.
Me pregunto si será cierto aquello que dijo una abuelita a su nieto: Claro, todos los hombre son iguales... no dejan a una mujer hasta que se encuentran otra...
Sin mujer amada no hay mundo?

Fue Schlegel el que resuelve al mundo en arte?

jf.yedraAaviña dijo...

Doctor:
sip,,, no creo que el arte deba ser visto como una herramienta, no por lo menos dentro del proceso creador, pero al ser lenguaje es una herramienta, de lo contrario no sería lenguaje. De cualquier forma no habría que tomar la palabra 'herramienta' en un sentido peyorativo. simplemente es una creación humana, la más genial de todas; y dicha genialidad es la que nos oculta la finalidad del mismo. ya sé que el artista no necesariamente piensa en los demás al crear, en ese sentido decía que no es una herramienta en el proceso creador. tampoco debemos querer ver esa finalidad en la búsqueda del arte. la finalidad sólo puede ser vista en la experiencia estética misma. y justo ahí, en ella, no hay principios, razones, o finalidades. el arte simplemente 'es'. falta saber de qué forma es que 'es'. tal vez por eso incluí ese comentario sobre hegel, que parecía no venir mucho al caso. esa búsqueda del absoluto se abre a través del arte o, más bien, sólo podemos hallar ese absoluto en forma de arte, de otra forma nos cegaría más de lo que ya lo hace el arte.

Saludos, y disculpas por decir que sólo me leían mujeres. je.

Lidia:
no creo que sea cierto lo que dice esa abuelita. Para empezar, los hombres no olvidamos nunca a las mujeres, y en cierto modo nunca las dejamos, incluso habiendo encontrado otra. En segundo lugar… mmm… … juro que tenía una segunda objeción, pero no puedo acordarme. De cualquier forma podría estar mal; ya van varias mujeres que me dicen que no pienso como hombre, eso me asusta… jeje…

Sin mujer amada no hay mundo amado. Se me ocurre que el vacío que causa la ausencia de la mujer amada tiene bordes difusos pero visibles, por el contrario el vacío del amor en general carece de bordes, avanza hasta los detalles más simples de la vida cotidiana; pareciera ser que abarca todo lo que somos. En ese sentido las mujeres le darían sentido a nuestra vida. Y creo que sí lo hacen.

Schlegel… llevo ya un buen rato queriéndolo leer; siento que algo me falta para hacerlo. Pero encontré una idea que me gustó, ahí te va:

“En lo que se denomina filosofía del arte falta habitualmente uno de ambos: o la filosofía o el arte.”

Saludos, besos, abrazos, piquetes de ojos… etc…

Beto perdido dijo...

Hegel y las mujeres son temas infinitos, sin duda.

jf.yedraAaviña dijo...

ja! tenía un compañero que comparaba la filosofía de hegel con 'una chica que te gusta pero no te pela'... y sí,, pero son más divertidas las mujeres...

saludos!