viernes, 11 de mayo de 2007

A la orilla...

Veo pasar las vidas que alguna vez me fueron cercanas. La distancia se muestra agresiva. Un mundo que alguna vez me presentó sabores nuevos y colores vivos, ahora se me muestra árido, opaco e insípido. Pero las risas de los que aún se encuentran en él me hacen pensar que mis sentidos son los que distorsionan ese mundo. Es mi propia sequedad la que no permite que lo dulce sea eso en mis labios. Es como tragar arena cuando la sed cubre la garganta. Me acerco al mundo y éste se aleja. Me arrojo al río y éste se seca. Sólo quedan grietas bajo mis pies. Música distante se posa en mis oídos para recordarme que ahí esta y que no es para mí. Podría buscar un precipicio para tirarme al vacío, pero sé que de mi boca saldría toda la arena que he tragado y lo llenaría para no dejarme caer. Lo único que me está permitido es dormir a la orilla del mundo; dormir para no sufrir al soñar despierto.