viernes, 23 de marzo de 2007

Hoy...

Hoy ha sido un día bastante improductivo. Nada de que asombrarse, nada que despierte sentimiento alguno. Nada. Simple y llanamente: nada. Si acaso anduve soñando despierto de regreso de la escuela. Me imaginé dejándolo todo. Pensé en irme al pueblo de mi abuela a trabajar como campesino. Llegué a formar toda una vida ahí, vivía en la casa abandonada de mi abuela. Hacía lo que me decían: carga esto, lleva aquello. Realmente no pude imaginar bien cuáles serían mis labores, ya que no sé nada de la vida en el campo. Pero me vi completamente alejado de las comodidades de las que ahora gozo. También me vi alejado de los libros, la escuela, la música, los cines, los autos, los edificios, el ruido, , , , la filosofía. Sobre todo me vi separado de la constante ociosidad que me embarga durante el día y la noche. Me vi completamente agotado al anochecer frente a una vieja y polvorienta cama, con el rostro y el cuerpo cubiertos con sudor seco. Fui más allá y después de un tiempo me casé. Pero siempre con la intensión de volver a mis actividades actuales, decidí no tener hijos y jamás tocar a mi esposa. Tener amistades sencillas, ir a una pulquería todos los viernes por la tarde a gastar el salario que pudiera haber obtenido en la semana. Y justamente cuando emprendía el viaje de regreso a mi ciudad miré por la ventana y vi un letrero que decía “La Viga” y pues abandoné los sueños y el vagón del metro. Caminé a mi casa pensando en que había despertado tarde, había ido a pagar la luz, después a la escuela, en ésta no me interesó en lo más mínimo la clase, al salir intercambié unas pocas palabras con tres personas, fui a la biblioteca a resellar un libro y ante la negativa de la señora bibliotecaria tuve que subir para buscar otro ejemplar, lo encontré, caminé al metro, soñé un poco de regreso a mi casa, comí y me dispuse a leer la Teoría de los sentimientos morales de Adam Smith, a la que, para mi sorpresa, alguna bestia le había arrancado las páginas de dos capítulos enteros. Después de eso decidí no hacer nada más que dar vueltas de la computadora a la tele, jugar ajedrez y reversi un rato, resolver un sudoku, rellenar constantemente mi botella de agua. En fin, esperar a que algo pasara. Y pues pasó.
Mi simpleza me llevó a reírme de un comentario de mi hermano que, intentado explicar lo que era un virus troyano (que por cierto jodió completamente la computadora de mi hermana), profirió las siguientes palabras: ¿cómo entró el caballo a Troya?... pues disfrazándose de estatua. Cabe mencionar que su comentario no llevaba la intención de hacer reír. Pasé unos 15 minutos riéndome y después de eso seguí sin hacer nada. Cuando terminé de platicar y fumar un rato con mi hermano me dirigí hacia mi cuarto para dormirme encontrándolo iluminado por el monitor. Y pues aquí estoy, escribiendo algo de lo más aburrido y tedioso, esperando a que el sueño llegue, cosa que no ha pasado últimamente. No puedo dormir si no estoy cansado, y no me he cansado en mucho tiempo. Puedo decir que me estoy cansando de mi mismo. Buscaré el mejor pretexto que se presente para embriagarme el fin de semana pero, para ser sincero, no creo que lo haga. Eso de andar pensando mucho las cosas no es bueno.
¡Quiero despertar!
Pero sigo aquí sentado con los ojos abiertos y la mente en blanco.

Lo peor es que no estoy ni triste ni enojado por el hecho de que mi día haya sido una completa pérdida de tiempo. Simplemente lo dejo pasar, dejo que se escurra por detrás de las orejas hasta llegar al suelo. Mmm… ni el reloj avanza ni el sueño llega…
Ahora envidio el momento de mi sueño en el que, completamente agotado, me dejaba caer sobre la cama.

Tanto vacío y tan pocas ganas de encontrar con qué llenarlo.

Después borraré esto. A cualquiera que haya llegado a leer esto le pido una disculpa por quitarle su tiempo. yo ya perdí más tiempo releyéndolo dos veces.

6 comentarios:

Beto Perdido dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Beto Perdido dijo...

La pérdida de tiempo no está dada en el mundo como para que nosotros la recibamos así. Más bien, el mundo sencillamente ocurre, como siempre, y nosotros determinamos si el tiempo que invertimos estando donde hallamos decidido estar realmente fue una pérdida o no.

Por supuesto la pregunta pertinente es: ¿de qué modo determinamos nuestro tiempo como perdido? Llegué a la idea de que creemos perder el tiempo cuando esperamos un preciso suceso (aunque no podamos determinarlo conscientemente) pero que no sucede. Esperándolo dejamos de observar cualquier otra cantidad de eventos que bien podrían considerarse como "algo que sucede" es decir, que nos importaría, en cierto grado, en otras circunstancias. Por tanto, pensamos que nada nos pasa.

jf.yedraAaviña dijo...

Muy cierto, pero muchas veces las razones del corazón son más poderosas que las de la razón misma. Podría estar convencido de que es completamente imposible perder el tiempo, pero si el corazón siente que lo ha perdido, pues ¿qué puedo hacer?
(me refiero al corazón como sentimiento. Nomás pa hacer referencia al buen Pascal)

jf.yedraAaviña dijo...

Le coeur a ses raisons!!!

Lidia dijo...

uy uy , platicas entre filósofos.
En fin, yo puedo decir que eso días con características de limbo son horribles. Caminas casi flotando, no eres ni capaz de sentir el suelo que pisas. Esos días en que la pregunta ¿para qué? se atraviesa son corta venas.
Pues otras chelas mi buen yedrita.

jf.yedraAaviña dijo...

eeeeehhhh!!!! chelaaaassssss!! jaja.. luego te aviso... abrazos!!